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Radio Bizarro | Análisis
Rosalía no solo está a punto de soltar Lux, su álbum más esperado. Tampoco está simplemente «jugando a ser monja».
Es un espejismo espiritual incómodo.
Un fenómeno que, bajo el ala de medios como El Confidencial, intenta vendernos que el nihilismo ha muerto y que los jóvenes ahora «abrazan la espiritualidad» porque una artista decidió usar el latín y un velo. Pero, ¿qué pasa cuando rascamos la pintura dorada de este retablo pop? ¿Es una conversión masiva o solo estamos decorando nuestro vacío con gárgolas de autotune?
Un universo de latín, ópera y Berghain
La premisa estética de Lux parece una liturgia de medianoche: Rosalía regresa a sus raíces españolas, pero lo hace cruzando un portal hacia lo desconocido. El álbum se construye sobre símbolos que parecen sacados de una catedral gótica en medio de una rave berlinesa:
- Lux: Luz en latín, el idioma del rito antiguo.
- Berghain: Referencias a la discoteca tecno más famosa del mundo.
- Ópera y música clásica: Estructuras de partitura que desafían la inmediatez del algoritmo.
- Estética católica: Monjas, velos, gárgolas y el drama del barroco español.
Esto convierte a Lux en un experimento donde la religión no es el fin, sino el material de construcción para una nueva identidad pop.
Lo inesperado: Cuando la fe se vuelve «aesthetic»
Antes del estreno, la comunidad religiosa y ciertos sectores conservadores ya están salivando. Quieren reclamar a Rosalía como su nueva embajadora. Pero aquí es donde el análisis se vuelve bizarro:
Estamos confundiendo la fe con el «vibe».
La idea de que «el catolicismo está de moda» porque una canción tiene iconografía religiosa es, por decir lo menos, manipuladora. Rosalía no está rezando el rosario; está haciendo una transubstanciación estética. La misma historia de siempre:
- Usar el latín como diseño sonoro.
- Las monjas como recurso visual.
- El incienso como filtro de Instagram.
La presencia de Björk: El exorcismo pagano
Si alguien pensaba que esto era un disco para ir a misa, la colaboración con Björk rompe el crucifijo. Mientras los católicos intentan evangelizar a través de Lux, aparece la islandesa —hija del paganismo y la mitología nórdica— para recordarnos que esto es un ritual de ancestros, no una catequesis.
¿La razón del éxito de este discurso? El mundo actual es un caos. Entre la radicalización política y la post-pandemia, la gente busca algo sólido donde agarrarse. Pero Rosalía no ofrece dogma; ofrece identidad y pertenencia a través de la cultura, no necesariamente de la fe.
¿Tiene debilidades esta «nueva religión»?
Sí.
El peligro es la paja mental colectiva. Hay quienes están vendiendo a Rosalía como la reencarnación de Vivaldi o Paganini. Seamos honestos: esto es POP. Pop de altísimo nivel, pop elaborado, pop alternativo… pero sigue siendo mainstream. No está reescribiendo a Verdi; está traduciendo la tradición a un lenguaje que un chico de la Generación Z con ansiedad pueda digerir.
La conclusión de la liturgia
Lux funciona porque no intenta convertirte, sino envolverte. Rosalía está en su «época de tesis», honrando su pasado gitano, flamenco y español, pero bajo un prisma cultural, no dogmático.
Habla de:
- Espiritualidad propia (no institucional)
- Identidad cultural
- Drama estético
- El peso de los ancestros
Y quizás por eso los católicos deberían relajarse un poco: no saben si la siguiente canción será un ave maría o un himno al caos.

Encuesta Bizarra
¿Qué crees que busca Rosalía con la estética de Lux?
- Una reconexión real con su fe católica.
- Puro marketing y estética visual potente.
- Una forma de honrar a sus ancestros y cultura española.
- Ni idea, yo solo quiero perrear en latín. 🕺